No despedirse, es el precio que muchos debemos pagar por emigrar – Por Raymond Azar

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Desde el 2014 la ola masiva de inmigración venezolana ha disparado números de más de cinco millones de exiliados hasta la fecha.

En búsqueda de un mejor futuro el venezolano no ha dudado en reinventarse en otro país, dejando casa, carreras, una vida y lo más importante, alejándose de la familia. Este alejamiento forzoso, muchas veces se ha transformado en un dolor que traspasa fronteras, ¿Por qué? Porque la sensación de perder un familiar, un amigo, o alguien muy cercano estando lejos es distinto a cualquier otro tipo de pérdida, la sensación que quizás pasan muchos en el exilio por no dar ese último beso o un abrazo sumerge a muchos en preguntas o hipótesis que la mente crea, preguntas que ahogan moralmente por noches incontables.

El fin de la familia es estar ahí en esos momentos difíciles o duros, el apoyo de la familia es algo que no tiene comparación para salir adelante. Hoy este derecho nos lo han quitado, y es una realidad. El precio que pagamos los venezolanos es muy alto solo por querer vivir.

Hoy más que nunca desde afuera de nuestro amado país debemos unirnos, como hermanos, como familia, porque a todos nos quitaron lo mismo, que no sean los aeropuertos ni las fronteras lugares de despedidas, sino de bienvenida, volver debe ser nuestro objetivo principal, que nuestras familias, que todos nos demos fuerzas necesarias. Basta ya, que cambien video llamadas, mensajes de texto, correos, por ese toque en la puerta de la casa del ser querido para dar esos abrazos que llenan el alma.

El venezolano en el exilio de la mano de Dios es el arma más poderosa para lograr la libertad, solo tenemos que entenderlo, ya los sacrificios se hicieron, tenemos en nuestra mano la posibilidad de hacer un cambio real, lejos de vicios y demás puntos que nos han trancado tanto el objetivo de la libertad.

“Quienes no se hayan podido despedir de un ser querido es porque están destinados a estar juntos toda la vida”.

Esta lucha también es espiritual, ¿Qué mejor que el recuerdo de esas personas que nos dieron tanto para nosotros seguir adelante? difícilmente alguno. 

Apartemos los intereses partidarios y falsos liderazgos por un bien colectivo, los que estamos fuera tenemos mucho que dar. 

Los buenos somos más.

Dedicado a todos esos que han tenido que partir en estas condiciones y a todos esos que han sufrido esas partidas por tener que traspasar fronteras en búsqueda de un mejor futuro.