Nace el Foro de Buenos Aires, para ser la contracara del Foro de San Pablo

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Luego del colapso soviético en 1990 se lanzaba el Foro de San Pablo que nuclearía a organizaciones y partidos políticos de izquierda que se replanteaban una estrategia eficiente para alcanzar el poder en América. En ese entonces, sólo un país con dicho signo ideológico ostentaba el poder: Cuba. Pasadas más de dos décadas del nuevo milenio el mapa se invirtió y muchos de esos dirigentes y partidos a través de una notable perseverancia y rigor político pudieron cumplir con sus objetivos y lograron ser gobierno.

Hoy –y con un particular auge durante el decenio pasado- el socialismo del siglo XXI todavía se campea victorioso en la mayoría de los países latinoamericanos. La Habana fue la Meca y el Foro de San Pablo la estructura operativa que le permitió a un inestimable número de dirigentes y agrupaciones (desde Lula o Chávez hasta el Movimiento Evita) poder forjar una red que les permitió articular, posicionarse, financiarse y operar hasta lograr su cometido: llegar a la cúspide del poder, o de mínima alterar el orden político diseñado por las democracias liberales decimonónicas. Si bien Cuba sería la Jerusalén de la nueva izquierda, y el Foro de San Pablo el gran articulador de la agenda que aquélla debía promover, el crimen organizado trasnacional se convertiría en una suerte de oxígeno financiero para muchos de estos movimientos y liderazgos pretendidamente anticapitalistas.

Mientras del otro lado, en el amplísimo abanico de “la derecha”, la situación era absolutamente diferente. Nos encontramos ante liderazgos y fuerzas políticas que 1- no supieron comprender la batalla cultural que se desarrollaba (aún hoy); 2- que fueron víctima de un complejo de culpa que los hizo incapaces de reconocerse como tales, es decir, de derecha, con una identidad y agenda determinada; y 3- en muchos casos, les faltó el coraje político para enfrentar los desafíos amargos que la izquierda ha ido planteando en cada rincón del continente. Particularmente las revoluciones moleculares que padecieron Chile y Colombia hasta la llegada de la pandemia son la prueba más elocuente de este último punto. O los vaivenes en el Ecuador. Ni la centro derecha líquida y tibia, ni la “ultra derecha” (calificativo por demás arbitrario e injusto) sectaria y marginal supieron o no quisieron comprender los signos de los tiempos en medio del proceso acelerado de globalización.

Consciente de esta realidad un grupo de jóvenes dirigentes comprendió que la izquierda ha dado una lección de pragmatismo, y no satisfechos con las reuniones de copetín que la Nueva Derecha organiza solamente para hacer catarsis, es que decidieron echar mano a un ambicioso proyecto: organizar una Red de jóvenes políticos que a lo largo y ancho de todo el continente puedan articular una agenda común, posicionarse, y solidarizarse para la defensa de la vida, de la libertad, de la propiedad, la seguridad, y la democracia. ¿Acaso éste no es un programa de Derecha? Claro que sí. Pero lo importante no será cuán eficiente sea el empleo del “derechómetro” que mide purismos ideológicos sino más bien en cómo generar una unión inteligente y valiente que permita ponerle un límite al avance de la izquierda en la región.

Atentos al contexto internacional y en virtud de las exigencias de la hora presente, pero sin mirar con desdén el mediano plazo, es que un grupo de jóvenes de Argentina, Chile, Ecuador, Perú, Colombia, Honduras, Guatemala, Méjico, EEUU (entre tantos otros países), pertenecientes a distintos partidos y organizaciones de la sociedad civil de América tomaron la iniciativa para organizar el I Foro Panamericano de Jóvenes Políticos que se realizará los días 1, 2 y 3 de junio en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Dicho evento será el punto de partida que congregará a diversos líderes políticos juveniles de América -en articulación con Europa- para comenzar a cimentar esta Red que pretende convertirse en la contracara propositiva del Foro de San Pablo.

Durante la actividad se brindarán una serie de conferencias y paneles de primer nivel destinadas a reflexionar sobre temas relevantes que un dirigente no puede ignorar en el siglo XXI: cómo enfrentar al narcoterrorismo, las consecuencias geopolíticas de la crisis de Cuba, Venezuela y Nicaragua, el abordaje de una adecuada estrategia comunicacional para que las ideas de la libertad pueden tener penetración social y sean competitivas electoralmente, etc. Para ello se impartirán mesas de diálogo en las que se destacarán importantes políticos, empresarios y comunicadores.

Además, habrá un panel integrado exclusivamente por legisladores con el objetivo de debatir sobre la agenda política que debe ser articulada, principalmente en temas como la batalla cultural (poniéndole un límite al progresismo de género), en el tópico de seguridad (trabajando una legislación que sea poco contemplativa con el crimen organizado). También habrá un espacio dedicado a las ONGs y think tanks que tienen una experiencia reconocida en la formación de cuadros políticos con esta cosmovisión o que vienen ejerciendo un trabajo notable en la batalla cultural. Por último, se destaca la presencia de un panel de empresarios de distintas nacionalidades, quienes conversarán sobre las dificultades para generar riqueza y trabajo en medio de regulaciones populistas.

Otra parte importante será la discusión que se llevará a cabo en distintas comisiones de trabajo (Política Internacional, Seguridad y Defensa, Emprendedurismo, Inmigración, Educación, etc.) cuyas conclusiones se adjuntarán al documento final que se presentará al finalizar el Foro: la “Carta de Buenos Aires”. Ésta será la declaración de principios que regirá el accionar de la nueva Red de jóvenes políticos que se constituirá, que a través de una estructura operativa y permanente buscará tender puentes y trabajar en una agenda común que empodere a dirigentes y organizaciones dispuestos a trabajar por una América libre, segura, y próspera.

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