#Opinión | Las universidades en el virreinato del Rio de Plata – Por Juan Pablo Bustos Thames

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Durante la colonia española, el entonces virreinato del Río de la Plata, vasta extensión territorial, abarcaba las actuales naciones de: Argentina, Bolivia, Paraguay, Uruguay, gran parte del Sur de Brasil y del Norte y Sur de Chile.

El mismo había sido creado por Real Odenanza de Carlos III en 1776 y contaba, a la sazón con dos Universidades: la de Chuquisaca (también llamada La Plata o Charcas) y la de Córdoba.

La primera, explica Manuel Moreno “és cabeza de la provincia que lleva el nombre de Chuquisaca en el Perú, y es el asiento de un Govierno, Intendencia y Presidencia de la Real Audiencia de aquel distrito: está sugeta en lo civil y judicial, á la autoridad de este tribunal local, pero reconoce dependencia en lo guvernativo, de la ciudad de Buenos Ayres, capital de todo el virreynato conocido, bajo el nombre de provincias del Rio de la Plata”.

Prosigue el autor: “Hay en ella una universídad bastante antigua, en que se estudia la jurisprudencia, la teologia, y la philosophia, pero no se confieren grados sino en las dos primeras facultades”. Se refiere a la legendaria Real Universidad de San Francisco Xavier, que tenía facultades de Derecho, Teología y Filosofía. Los estudiantes podían graduarse de abogados o de doctores en derecho canónico.

Las opciones que se les abrían a los jóvenes de las colonias españolas del Cono Sur, para poder proseguir sus estudios superiores era, estudiar en Charcas (la universidad más antigua y prestigiosa, aunque muy distante de la capital), o bien dirigirse hacia Santiago de Chile, a matricularse en la Real Universidad de San Felipe; luego de atravesar la azarosa Cordillera. No obstante lo cual, el prestigio de la primera y su nivel académico eran superiores a la trasandina.

Real Universidad de San Felipe, en Santiago de Chile

Además de ello, había otra universidad más, refiere Moreno: “otro establecimiento havia en Cordova, capital de la provincia del Tucuman, distante doscientas cincuenta leguas de Buenos Ayres, y la primera de las ciudades de lo interior del pais; pero era tan insignificante este instituto, que se contava casi por nada, y sus alumnos llevavan siempre ante el credito publico, la desgracia de haver sido formados en un lugar de indisciplina y abandono”.

Manzana Jesuítica de Córdoba.
El segundo edificio de la izquierda corresponde
a la Real Universidad de San Carlos

Se trata de la famosa y muy antigua Real Universidad de San Carlos y Nuestra Señora de Monserrat. En la época, esta Casa de Estudios confería doctorados en Teología y en Derecho y se encontraba administrada deficientemente por la orden franciscana, luego de la expulsión de los jesuitas, sus fundadores. El prestigio de esta universidad era muy bajo, por el desorden de sus claustros y el estado de abandono en el cual estaba sumida.

A principios del Siglo XIX una Real Cédula dispuso que la administración de esta Universidad pasara, de manos de los franciscanos, al clero secular cordobés. Ello se oficializó hacia el año 1808, cuando el Deán Gregorio Funes asumió como Rector. Este cambio significó una mejora sustancial en todos los ámbitos de esa unidad académica.

¿Por qué Buenos Aires no tenía una universidad?.

Explica Manuel Moreno: “Muchas veces se ha solicitado la proteccion del govierno para hacer del colegio de Sn. Carlos de Buenos Ayres una universidad, consultando asi la conveniencia de los Jovenes que al presente són obligados á abandonar sus casas por mucho tiempo, y á gravarlas con expensas considerables. Este pensamiento parecia tanto más natural se adoptase, quanto desde mucho tiempo estaban mandadas establecer escuelas de cirugia y medicina, y quanto era más facil encontrar en la capital, sugetos capaces de enseñar las ciencias abstractas que en lo interior del pais”.

Real Colegio de San Carlos de Buenos Aires

El establecimiento de una universidad en la cabecera virreinal era una necesidad, para los porteños. No entendían cómo localidades subalternas, como lo eran: Córdoba, Santiago de Chile y Charcas contaban con esas academias; mientras que la capital no. Hubiera sido fácil instalar una Facultad de Medicina, atento a que no escaseaban médicos o cirujanos, que bien podían enseñar su arte; tal como ya lo venían haciendo, dictando clases informalmente, en la ciudad.

Dice Manuel Moreno: “Pero la corte se há negado constantemente á estas pretensiones, y há creido un obgeto digno de su economia colonial, mezquinar los fondos que se le pedian para al efecto”. Por razones presupuestarias, la corona española se negaba a abrir una casa de Altos Estudios en la Capital. El establecimiento de una universidad en suelo porteño no podía esperarse ni del actuar del Estado y menos de los particulares timoratos, que no se animaban a emprender semejantes empresas, dentro de un marco despótico, como el imperante hasta principios del Siglo XIX.

Por eso, concluye Manuel: “Mientras el govierno de un pais pueda disponer sobre qualquier materia, y sus ordenes se extiendan á todos los obgetos que pueda registrar, no se harán diques, canales y aqueductos por compañias de simples especuladores, como en Inglaterra”. Luego de haberse maravillado con las magníficas obras públicas que se habían construido en el Reino Unido, merced a la inversión e iniciativa privadas, Manuel Moreno lamenta que esta realidad no pudiera transportarse a un país despotico, donde el gobierno pueda disponer arbitrariamente, según “el interes ó el capricho de los gefes”.

No obstante, Manuel advierte otro inconveniente para establecer una universidad en Buenos Aires. Desde las acciones heroicas de las Invasiones Inglesas, durante 1806/1807, a la juventud porteña le atraía más la milicia que los estudios. Enrolarse en un cuerpo armado les daba a los jóvenes la libertad que buscaban, sin tener que viajar cientos de kilómetros de distancia, a encerrarse, durante años, en un oscuro, lúgubre y aburrido claustro conventual, a estudiar. La milicia les permitía gozar de las comodidades de casa y de la alegre camaradería del cuartel.

Lamentaba Manuel la falta de vocaciones por los estudios de Medicina, y la escasez de profesores. Este joven ya empezaba a sentir su inclinación hacia esa ciencia, estudios universitarios que culminaría exitosamente, pocos años después, en Estados Unidos.

Una forma rápida y exitosa de mejorarlo todo era, a su criterio, “fomentar la universidad de Cordova, que tán buenos progresos há hecho yá hasta el dia, bajo la sabia direccion de su reformador”. La Capital tuvo que esperar nueve años después de la publicación de esta obra de Manuel Moreno (1812), para que Bernardino Rivadavia fundara la Universidad de Buenos Aires, primera Casa de Altos Estudios argentina, en 1821.

Fundación de la Universidad de Buenos Aires (12 de Agosto de 1821).

Juan Pablo Bustos Thames
Escritor invitado

Abogado, Ingeniero en Sistemas de Información,
Profesor Universitario,
Funcionario del Tribunal de Cuentas de Tucumán,
Director de la Cámara de Comercio Exterior de Tucumán,
estudioso de la historia, escritor,
realizador y conductor televisivo y de documentales.
Miembro de la Fundación Federalismo y Libertad
y la Fundación Universitaria del Río de la Plata (FURP).

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